SEGUNDO DIA:
2 DE JUNIO
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WATSONVILLE, California.



Watsonville es lo que un cura y amigo mío, ahora muerto pero no olvidado, habría llamado un lugar "profético":

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En los tardíos años ochenta, este pueblo de sólo 30,000 habitantes vivió una de las mayores batallas laborales en la historia de California, una huelga de los trabajadores -mayormente inmigrantes mexicanos- de la compañía de conservas de Watsonville. Los trabajadores ganaron la huelga.

* La compañía cerró un par de años más tarde. Watsonville fue también el lugar de una lucha política decisiva que resultó en una realineación de los distritos políticos de la ciudad por mandato federal. Los mexicanos vivían allí desde hace mucho una vida de segregación y discriminación. Habían tenido poca o nula representación política porque los distritos dividían el voto mexicano, permitiendo que sólo anglosajones ocuparan los puestos.

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Como resultado de una nueva alineación de los distritos, Oscar Ríos se transformó en el primer alcalde salvadoreño electo en un ciudad estadunidense.

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Durante los años de tumultos laborales y políticos, la Virgen de Guadalupe se apareció en una bella gruta al borde de un lago al este de la ciudad. Miles y miles de creyentes vinieron a ver la imagen de la Virgen aparentemente grabada con fuego en la corteza de un árbol. La mujer que testimonió la aparición era, no por mera coincidencia, una trabajadora en huelga contra la compañía de conservas de Watsonville. .

Virgen

* Hoy en día, Watsonville aparece nuevamente en el mapa como el lugar de otra gran batalla laboral. Los Trabajadores Agrícolas Unidos, conducidos durante tres décadas por el legendario César Chávez, están tratando ahora de organizar a los trabajadores de los campos de fresas... Es una campaña que puede traer la fortuna o la ruina de los Trabajadores Agrícolas Unidos. Los protagonistas son los recolectores de frutas, los nuevos entre los Nuevos Americanos: migrantes de México, muchos de ellos de Michoacán...

Mural

¿Ya les dije que Watsonville tiene uno de los ingresos per capita más bajos del país?

¿Ya les dije que las plantas de comida congelada que alguna vez emplearon a miles aquí fueron reubicadas después de que los trabajadores demandaron mejores condiciones? ¿Ya les dije que los lugares de reubicación de esas plantas se encuentran en México, en los mismo estados, Jalisco y Guanajuato, de los cuales provenían estos migrantes antes de trabajar en esas compañías? ¿Podríamos llamarle a esto una ironía de la economía global?

¿Ya les dije que hay una tasa de desempleo de 21 por ciento en Watsonville?

¿Ya les dije que Watsonville, una ciudad rural, y que posee la reputación de tener una juventud extremadamente violenta?



La casa en la que nos albergamos está decorada al estilo kitsh chicano. Un altar en la sala de estar con conchas para quemar incienso, un calendario azteca y una figurita tolteca. Carteles de Emiliano Zapata e íconos de la Virgen de Guadalupe. Una impresión de Diego Rivera. Una cita de Malcolm X en la pared. Fotos de chicos vestidos como si estuvieran con la pandilla – pregonando violencia en vez de retribución.

Nos hemos quedado en una casa en Watsonville mantenida por Barrios Unidos, una organización sin fines de lucro que hace labor de "intervención" y "prevención" con los muchachos que viven en vecindades con pandillas. Fue fundada por Daniel Alejándrez, un ex de todo: veterano de Vietnam, adicto a las drogas, indigente. Es una de esas historias milagrosas, salió del ghetto para entrar al activismo comunitario y ahora dirige una organización multimillonaria.

Al decir de todos, su organización ha transformado las vidas de muchos chicos con problemas. Pero también es cierto que una organización de este tipo, o muchas, no pueden cambiar el futuro de una comunidad entera, cuyo destino está determinado por una serie de circunstancias sociales y económicas complejas.

Tuvimos problemas con un miembro de Barrios Unidos. Joe y yo le pedimos si nos pudiera conducir hacia donde se encuentran jóvenes migrantes atrapados en el estilo de vida y la conducta "pandillera", "asimilando" una parte dura de la cultura americana. Le dijimos al activista joven, con su cola de caballo, que hemos visto evidencia de chicos que imitan el estilo de las pandillas del este de Los Angeles, desde Arkansas hasta las montañas de Michoacán, donde los muchachos que nunca emigraron son "duros" y portan el uniforme de la calle. Le decimos que este es el lado oscuro de la migración y la globalización de la cultura.

Pero él no acepta ninguna de nuestras teorías. "Eso está jodido", nos dice, examinando las fotografías de la juventud pandillera del este de Los Angeles. "Este es el tipo de mierda que los medios usan para estereotiparnos a todos".

Sigue una conversa/confrontación de una hora y media, en la que Joe y yo tratamos de convencerlo de que nuestros objetivos no son nada sensacionalistas. Me siento con ganas de levantarme e irme, pero no lo hago, principalmente porque Barrios Unidos es nuestro anfitrión y no deseo aparecer como ingrato ante tanta generosidad.

En un cierto momento acepto el argumento del joven radical, que es basicamente este: Tú trabajas para los medios/los medios son de los ricos y los blancos/ellos descontextualizarán tus imágenes y tus ideas para adaptarlas a su concepción clasista y racista del mundo.

Joe y yo trabajamos para los medios. Lo que digamos aparecerá en un contexto que está claramente dominado por el punto de vista de los ricos y los blancos en los Estados Unidos, donde la clase y la raza a menudo se cruzan. Aunque se nos permita presentar nuestras imágenes e ideas con los "derechos de edición" del director, nuestro material sigue siendo una mera columna lateral dentro de una visión mucho mayor que estereotipa y reduce y deforma.

Cualquier reportero documental que cree que su "verdad" permanecerá pura después de ser recibida y procesada a través de la subjetividad de un millón de personas en la audiencia se encuentra en un grave error.

Así que tenemos una tarea imposible.

Así que seguimos de todos modos.

Al final, nuestro joven radical de Barios Unidos cedió y ofreció ayudarnos en lo que se nos ofreciera.

Curioso...finalmente, él quiere lo que nosostros queremos y nosotros queremos lo que él quiere. El quiere ejercer el poder dentro de la esfera política y estética, que es el contexto donde sus chicos con problemas manejan sus vidas. A nosotros, por el otro lado, nos gustaría ir más allá de nuestro papel como representantes de los medios y tocar las vidas de los muchachos, para ayudarles a calmar el dolor de sus existencias individuales.

M
añana lo llamaremos para ver si podemos encontrarnos con algunos de los chicos inmigrantes con los que ha trabajado...muchachos de Michoacán, que están a punto de ver o ya han visto como el sueño americano se volvía una pesadilla en las calles, no sólo de la ciudades grandes sino también de las ciudades rurales como Watsonville...

Kids

Les escribimos este reportaje el día que California celebró su elección primaria, en la que se votó sobre la Propuesta 227, una iniciativa para acabar con la educación bilingüe. Durante los últimos meses, mucha gente de buena fe debatió si el sistema, que otorgaba instrucción en lenguas nativas acerca de temas básicos a los estudiantes, mientras éstos aprendían inglés, le había servido o fallado a los niños inmigrantes de California.

Los votantes de California decidieron, en una proporción de casi 3 a 1, que la educación bilingüe les había fallado.

Pero nosotros estamos preocupados con un elemento de la Propuesta 227 que no tiene nada que ver con la pedagogía. Se trata de un elemento innegablemente xenofóbico en la campaña por la Propuesta 227. Había votantes –una minoría, pero significativa– que le dijo sí a la 227 porque están cansados de oir y leer el lenguaje español –y el mandarín y el farsi y el coreano– en las calles y en las transmisiones de radio y televisión de California.

Pero el lenguaje no será dictaminado por las medidas legistativas.

Independientemente de lo que las escuelas de California hagan en términos de enseñanza del lenguaje, el español y el mandarín y el farsi seguirán siendo vistos y escuchados. En Watsonville, los campos de fresas resuenan con los lenguajes del pasado: el portugués, el armenio, el chino, el japonés, el alemán, el polaco...y, por supuesto, los mexicanos enunciando su melodioso español, la lengua de "los files" –los campos– desde hace muchas generaciones.

Muchos de los Purépechas que conozco hablan un buen inglés, español, y algunos de los dialectos indígenas de Michoacán. Nosotros nos avergonzamos de hablar solamente dos lenguas. Lo triste de la Propuesta 227 es que una solución monolinguística se está ofreciendo a una California que ya no es bilingüe sino políglota



Hoy visitamos el campus de la Universidad de California de Santa Cruz para ver a Gaspar Rivera, un candidato a doctorado en sociología, que nos ha ofrecido ayuda para guiarnos hacia las familias migrantes de Michoacán. Por coincidencia, Gaspar, un indio mixteco de Oaxaca, ha trabajado con los Purépecha de Cherán, Michoacán.

La Universidad de California de Santa Cruz –cerros de suave inclinación densamente poblados de árboles, un idilio del cual Joe y yo nos reímos inicialmente de manera incrédula y burlona (somos chicos de la ciudad visitando la provincia)...dos cervatillos cruzaron incluso la carretera frente a nuestro vehículo a la entrada del campus. Escalamos más arriba y obtenemos una vista espectacular de la costa del norte de California: el mar de un azul profundo, que parece oscurecer el azul del cielo y destacar aún más lo blanco de las nubes altas.

Comemos con Gaspar en un restaurante de tacos en el campus. Un restaurante de tacos. Santa Cruz, vecina de Watsonville, es un lugar muy liberal, pero también muy monocromático. Los pobres, en su mayoría mexicanos, están segregados abajo hacia el paseo en un área llamada Beach Flats, alguna vez un lugar de casas de verano de los ricos y los blancos.

De todos modos, Gaspar dice que conoce una mujer de Cherán, una mujer que dice que debemos conocer. Conducimos de vuelta a Watsonville...y en vez de detenernos ante algún tipo de barrio bajo, nos estacionamos frente a una casa que sólo puede ser descrita como de clase media, incluso de clase media alta, con un largo césped adelante, un techo de tablillas de madera y muchos cuartos de dormir y un refrigerador de dos puertas.

El nombre de la mujer es Reyna Guzmán. Y conoceremos su historia – que incluye ser una protagonista en la pelea laboral en la compañía de conservas de Watsonville y ser mamá soltera e indígena purépecha y una activista política de ambos lados de la frontera y una rebelde completa y una empresaria genial. Nos acabamos de encontrar con ella. Mañana volveremos a su casa para hablar de su pasado, su presente y su futuro. Hablaremos de sus niños, de Estados Unidos, de México.

Hablaremos del camino.



Rubén Martínez

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