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WATSONVILLE, California.
Watsonville
es lo que un cura y amigo mío, ahora muerto pero no olvidado,
habría llamado un lugar "profético":
* En
los tardíos años ochenta, este pueblo de sólo 30,000
habitantes vivió una de las mayores batallas laborales en la
historia de California, una huelga de los trabajadores -mayormente inmigrantes
mexicanos- de la compañía de conservas de Watsonville.
Los trabajadores ganaron la huelga.
* La compañía cerró
un par de años más tarde. Watsonville
fue también el lugar de una lucha política decisiva que
resultó en una realineación de los distritos políticos
de la ciudad por mandato federal. Los mexicanos vivían allí
desde hace mucho una vida de segregación y discriminación.
Habían tenido poca o nula representación política
porque los distritos dividían el voto mexicano, permitiendo que
sólo anglosajones ocuparan los puestos.
*
Como resultado de
una nueva alineación de los distritos, Oscar Ríos se transformó
en el primer alcalde salvadoreño electo en un ciudad estadunidense.
*
Durante los años
de tumultos laborales y políticos, la Virgen de Guadalupe se
apareció en una bella gruta al borde de un lago al este de la
ciudad. Miles y miles
de creyentes vinieron a ver la imagen de la Virgen aparentemente grabada
con fuego en la corteza de un árbol. La mujer que testimonió
la aparición era, no por mera coincidencia, una trabajadora en
huelga contra la compañía de conservas de Watsonville.
.

*
Hoy en día,
Watsonville aparece nuevamente en el mapa como el lugar de otra gran
batalla laboral. Los Trabajadores Agrícolas Unidos, conducidos
durante tres décadas por el legendario César Chávez,
están tratando ahora de organizar a los trabajadores de los campos
de fresas... Es una campaña que puede traer la fortuna o la ruina
de los Trabajadores Agrícolas Unidos. Los protagonistas son los
recolectores de frutas, los nuevos entre los Nuevos Americanos: migrantes
de México, muchos de ellos de Michoacán...

¿Ya
les dije que Watsonville tiene uno de los ingresos per capita más
bajos del país?
¿Ya
les dije que las plantas de comida congelada que alguna vez emplearon
a miles aquí fueron reubicadas después de que los trabajadores demandaron
mejores condiciones? ¿Ya les dije que los lugares de reubicación de
esas plantas se encuentran en México, en los mismo estados, Jalisco
y Guanajuato, de los cuales provenían estos migrantes antes de trabajar
en esas compañías? ¿Podríamos llamarle a esto una ironía de la economía
global?
¿Ya les dije que hay una tasa de
desempleo de 21 por ciento en Watsonville?
¿Ya les dije que Watsonville,
una ciudad rural, y que posee la reputación de tener una juventud
extremadamente violenta?
La
casa en la que nos albergamos está decorada al estilo kitsh
chicano. Un altar en la sala de estar con conchas para quemar incienso,
un calendario azteca y una figurita tolteca. Carteles de Emiliano Zapata
e íconos de la Virgen de Guadalupe. Una impresión de Diego
Rivera. Una cita de Malcolm X en la pared. Fotos de chicos vestidos
como si estuvieran con la pandilla pregonando violencia en vez
de retribución.
Nos
hemos quedado en una casa en Watsonville mantenida por Barrios Unidos,
una organización sin fines de lucro que hace labor de "intervención"
y "prevención" con los muchachos que viven en vecindades con pandillas.
Fue fundada por Daniel Alejándrez, un ex de todo: veterano de Vietnam,
adicto a las drogas, indigente. Es una de esas historias milagrosas,
salió del ghetto para entrar al activismo comunitario y ahora dirige
una organización multimillonaria.
Al
decir de todos, su organización ha transformado las vidas de muchos
chicos con problemas. Pero también es cierto que una organización de
este tipo, o muchas, no pueden cambiar el futuro de una comunidad entera,
cuyo destino está determinado por una serie de circunstancias sociales
y económicas complejas.
Tuvimos
problemas con un miembro de Barrios Unidos. Joe y yo le pedimos si nos
pudiera conducir hacia donde se encuentran jóvenes migrantes atrapados
en el estilo de vida y la conducta "pandillera", "asimilando" una parte
dura de la cultura americana. Le dijimos al activista joven, con su
cola de caballo, que hemos visto evidencia de chicos que imitan el estilo
de las pandillas del este de Los Angeles, desde Arkansas hasta las montañas
de Michoacán, donde los muchachos que nunca emigraron son "duros" y
portan el uniforme de la calle. Le decimos que este es el lado oscuro
de la migración y la globalización de la cultura.
Pero
él no acepta ninguna de nuestras teorías. "Eso está jodido", nos dice,
examinando las fotografías de la juventud pandillera del este de Los
Angeles. "Este es el tipo de mierda que los medios usan para estereotiparnos
a todos".
Sigue
una conversa/confrontación de una hora y media, en la que Joe y yo tratamos
de convencerlo de que nuestros objetivos no son nada sensacionalistas.
Me siento con ganas de levantarme e irme, pero no lo hago, principalmente
porque Barrios Unidos es nuestro anfitrión y no deseo aparecer como
ingrato ante tanta generosidad.
En
un cierto momento acepto el argumento del joven radical, que es basicamente
este: Tú trabajas para los medios/los medios son de los ricos y los
blancos/ellos descontextualizarán tus imágenes y tus ideas para adaptarlas
a su concepción clasista y racista del mundo.
Joe
y yo trabajamos para los medios. Lo que digamos aparecerá en
un contexto que está claramente dominado por el punto de vista
de los ricos y los blancos en los Estados Unidos, donde la clase y la
raza a menudo se cruzan. Aunque se nos permita presentar nuestras imágenes
e ideas con los "derechos de edición" del director, nuestro material
sigue siendo una mera columna lateral dentro de una visión mucho
mayor que estereotipa y reduce y deforma.
Cualquier
reportero documental que cree que su "verdad" permanecerá pura después
de ser recibida y procesada a través de la subjetividad de un millón
de personas en la audiencia se encuentra en un grave error.
Así
que tenemos una tarea imposible.
Así
que seguimos de todos modos.
Al
final, nuestro joven radical de Barios Unidos cedió y ofreció ayudarnos
en lo que se nos ofreciera.
Curioso...finalmente,
él quiere lo que nosostros queremos y nosotros queremos lo que
él quiere. El quiere ejercer el poder dentro de la esfera política
y estética, que es el contexto donde sus chicos con problemas
manejan sus vidas. A nosotros, por el otro lado, nos gustaría
ir más allá de nuestro papel como representantes de los
medios y tocar las vidas de los muchachos, para ayudarles a calmar el
dolor de sus existencias individuales.
Mañana
lo llamaremos para ver si podemos encontrarnos con algunos de los chicos
inmigrantes con los que ha trabajado...muchachos de Michoacán,
que están a punto de ver o ya han visto como el sueño
americano se volvía una pesadilla en las calles, no sólo
de la ciudades grandes sino también de las ciudades rurales como
Watsonville...

Les
escribimos este reportaje el día que California celebró
su elección primaria, en la que se votó sobre la Propuesta
227, una iniciativa para acabar con la educación bilingüe.
Durante los últimos meses, mucha gente de buena fe debatió
si el sistema, que otorgaba instrucción en lenguas nativas acerca
de temas básicos a los estudiantes, mientras éstos aprendían
inglés, le había servido o fallado a los niños
inmigrantes de California.
Los
votantes de California decidieron, en una proporción de casi 3 a 1,
que la educación bilingüe les había fallado.
Pero
nosotros estamos preocupados con un elemento de la Propuesta 227 que
no tiene nada que ver con la pedagogía. Se trata de un elemento
innegablemente xenofóbico en la campaña por la Propuesta
227. Había votantes una minoría, pero significativa
que le dijo sí a la 227 porque están cansados de oir y
leer el lenguaje español y el mandarín y el farsi
y el coreano en las calles y en las transmisiones de radio y televisión
de California.
Pero
el lenguaje no será dictaminado por las medidas legistativas.
Independientemente
de lo que las escuelas de California hagan en términos de enseñanza
del lenguaje, el español y el mandarín y el farsi seguirán
siendo vistos y escuchados. En Watsonville, los campos de fresas resuenan
con los lenguajes del pasado: el portugués, el armenio, el chino,
el japonés, el alemán, el polaco...y, por supuesto, los
mexicanos enunciando su melodioso español, la lengua de "los
files" los campos desde hace muchas generaciones.
Muchos
de los Purépechas que conozco hablan un buen inglés, español, y algunos
de los dialectos indígenas de Michoacán. Nosotros nos avergonzamos de
hablar solamente dos lenguas. Lo triste de la Propuesta 227 es que una
solución monolinguística se está ofreciendo a una California que ya
no es bilingüe sino políglota
Hoy
visitamos el campus de la Universidad de California de Santa Cruz para
ver a Gaspar Rivera, un candidato a doctorado en sociología, que nos
ha ofrecido ayuda para guiarnos hacia las familias migrantes de Michoacán.
Por coincidencia, Gaspar, un indio mixteco de Oaxaca, ha trabajado con
los Purépecha de Cherán, Michoacán.
La
Universidad de California de Santa Cruz cerros de suave inclinación
densamente poblados de árboles, un idilio del cual Joe y yo nos
reímos inicialmente de manera incrédula y burlona (somos
chicos de la ciudad visitando la provincia)...dos cervatillos cruzaron
incluso la carretera frente a nuestro vehículo a la entrada del
campus. Escalamos más arriba y obtenemos una vista espectacular
de la costa del norte de California: el mar de un azul profundo, que
parece oscurecer el azul del cielo y destacar aún más
lo blanco de las nubes altas.
Comemos
con Gaspar en un restaurante de tacos en el campus. Un restaurante de
tacos. Santa Cruz, vecina de Watsonville, es un lugar muy liberal, pero
también muy monocromático. Los pobres, en su mayoría mexicanos, están
segregados abajo hacia el paseo en un área llamada Beach Flats, alguna
vez un lugar de casas de verano de los ricos y los blancos.
De
todos modos, Gaspar dice que conoce una mujer de Cherán, una mujer que
dice que debemos conocer. Conducimos de vuelta a Watsonville...y en
vez de detenernos ante algún tipo de barrio bajo, nos estacionamos frente
a una casa que sólo puede ser descrita como de clase media, incluso
de clase media alta, con un largo césped adelante, un techo de tablillas
de madera y muchos cuartos de dormir y un refrigerador de dos puertas.
El
nombre de la mujer es Reyna Guzmán. Y conoceremos su historia
que incluye ser una protagonista en la pelea laboral en la compañía
de conservas de Watsonville y ser mamá soltera e indígena
purépecha y una activista política de ambos lados de la
frontera y una rebelde completa y una empresaria genial. Nos acabamos
de encontrar con ella. Mañana volveremos a su casa para hablar
de su pasado, su presente y su futuro. Hablaremos
de sus niños, de Estados Unidos, de México.
Hablaremos
del camino.
Rubén Martínez
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