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ST. LOUIS, MISSOURI.
Jim Thompson (este no es su nombre real por razones que serán obvias más tarde) es un granjero de quinta generación cuya pequeña parcela en las afueras de St. Louis produce una sorprendente variedad de cosechas: fresas, frambuesas, moras, calabazas, duraznos, tomates, chiles, berenjena, pepino,. Hay también varios invernaderos en la propiedad con docenas de plantas de hogar y flores. Hace cerca de 25 años, la "ayuda" en esta haciendaen el auge de la temporada, sólo hay un par de docenas de empleadosestaba compuesta solamente de afroamericanos. Hoy hay prácticamente sólo mexicanos. Es más: los trabajadores son todos mexicanos del pueblo de Cherán, Michoacán. La familia Román fue la primera de Cherán en migrar hacia el área, luego los Izquierdos y finalmente los Chávez-Cortés, los de más reciente llegada. En Cherán, los familiares de estas familias viven a cuadras de distancia uno del otro, como lo hacen aquí. Se trata de un ejemplo clásico del ingenio de los migrantes para formar redes. En lo que a las condiciones de trabajo concierne, éstas son probablemente mucho mejor de lo que eran a la vuelta del siglo, pero se encuentran también en aparente violación de los estándares modernos actuales. No se paga el tiempo extra, incluso cuando el grupo trabaja el séptimo día, lo que se hace a menudo en el auge de la temporada. Y no hay seguro médico, aunque todos trabajan mucho más que el número mínimo de horas consideradas "tiempo completo". Hay una pausa para comer de una hora, pero ningún descanso oficial durante la mañana o la tarde. La peor violación es la de las leyes de trabajo infantil. El menor hermano de los Cortéz,Gaspar, tiene sólo catorce años. Él trabaja tiempo completo en la hacienda de Thompson. Rosa, Wense y los hermanos Baltazar, Melchor y Gaspar se levantan a las seis, están en el trabajo a las siete y acaban a las cinco de la tarde. Un día de diez horas de trabajo por el que se les paga nueve horas a 5.75 dólares la hora. Pero ellos no se van a quejar. Todos son indocumentadosalgo de lo que el granjero Thompson está muy consciente, ya que a menudo presta dinero a la familia Cortéz para pagar los cobros de los coyotes cuando ellos vuelven de estadías en Cherána excepción de la hija de Baltazar, Stefani, nacida en Estados Unidos. Irónicamente, Stefani, junto con su madre, Victoria, está de visita con su familia en este momento, y tendrá que atravesar la frontera de forma ilegal para volver a St. Louis junto a su madre indocumentada. La mayor parte del tiempo los Cortéz parecen estar bastante agadecidos con el patrónpor los préstamos, por la ayuda para asegurar vivienda, por las vacaciones concedidas cuando y por cuanto tiempo se necesite (un mes o dos para volver al hogar al final del año, por ejemplo). Jim Thompson es una persona bien parecida. Te mira a los ojos con los suyos azul cielo que se asoman debajo de su mechón de cabello rubio cenizo. Él es un granjero de trabajo, con manos cuarteadas con lodo del valle del Mississippi. Le pregunto a Thompson qué le ha sucedido a sus ayudantes afroamericanos. "Ellos simplemente no quieren trabajar así de fuerte", dice, planteando temas incómodos acerca de raza y clase que se discuten raramente en el debate sobre la inmigración. "Quizás sea porque hay un estigma asociado con el trabajo en el campo. Ellos prefieren trabajar en un MacDonald's por el mínimo que en una hacienda por la misma cantidad Supongo que no se lo puedes reprochar. Si yo descendiera de esclavos podría sentirme igual " Pese a su manejo rápido y suelto de los códigos laborales, sería difícil describir a Thompson como un patrón abusivo. Como Miguel Ramos, el cultivador de fresas en Watsonville, él tiene una cierta benevolencia protectora . Se ha hecho un trato sin palabras: los trabajadores no preguntarán por aumentos o pausas o seguro médico y el patrón llenará los papeles de inmigración a su favor sin chistar sobre documentos obviamente falsos. La pregunta que más se necesita hacer, sin embargo, es: ¿Quién se beneficia más con el trato? La familia Chávez-Cortéz acepta voluntariamente estas condiciones (aunque Baltazar a veces se pregunta abiertamente si no podría irle mejor en otro trabajo, tal como la construcción). Desde una perspectiva histórica, esto podría ser visto como el "sacrificio" de la primera generación, de la misma manera como los emigrantes europeos trabajaron en fábricas explotadoras y en los campos, y recorrían las calles de Nueva York con carretillas. Pero esa generación también fue decisiva en el nacimiento del movimiento sindical, que mejoró dramáticamente las condiciones en el lugar de trabajo, y vio a muchos de sus hijos entrar a la clase media. El movimiento laboral de Estados Unidos ha estado a la defensiva desde hace dos décadas, y no hay garantía de que los intentos de revivirlo (como la campaña de la fresa de la Unión de Trabajadores Agrícolas en Watsonville) tendrán éxito. Los hijos de la presente generación de migrantes también están entrando en un sistema público de escuelas que está en crisis. Las condiciones de trabajo a menudo se traducen en condiciones de vida. Los hijos de la familia Chávez-Cortéz, Stefani y Yeni, están creciendo en un barrio pesado. Las condiciones de vida a menudo se traducen en obstáculos para los logros académicos y las mejoras económicas. ¿Será la famila Chávez-Cortéz capaz de superar las disparidades que cada vez más parecen amontonarse en contra de que logren una versión moderna del sueño americano? ¿O se transformará el sueño en una pesadilla perpetua a la luz del día? Mientras tanto, el negocio de Thompson se sostiene, en una economía hostil a los granjeros pequeños. Él tiene una tienda de menudeo a pocos metros de los campos donde trabaja la familia Chávez-Cortéz. Pasa un flujo continuo de clientes, en su mayoría anglosajones de edad media que compran frutas frescas y mermeladas caseras. A veces los mexicanos y los blancos se encuentranlos trabajadores tienen que atravesar la tienda para tomar un poco de agua del grifo en el cuarto trasero. Eso es a lo que llegan a acercarse estos dos mundos en St. Louis. ____________ Nos encontramos en el departamento de los Chávez-Cortéz después del trabajo. Rosa se encuentra fuera lavando la ropa. Los hermanos Cortéz holgazanean en la sala de estar ante una televisión Sanyo de 19 pulgadas que recibe, vía un cable pirata, las estaciones HBO, Showtime, Cinemax y Univisión, la red de habla hispana. Ellos a menudo pasan sus tardes mirando las últimas cintas de acción y aventura, a favor de los tipos buenos que hablan en un idioma que apenas comprenden contra unos villanos a los cuales en realidad se parecen, al menos en términos de color de piel. Aunque sólo tiene 23, Baltazar es el figura paternal de facto en el hogar. El es el hijo mayor, habla el mejor inglés, tiene el mejor coche (un Buick Regal azul claro de1983 ) y resulta ser el más claro de la familia. El marido de Rosa, Wense, es el siguiente con 21 años, pero no parece ejercer mucho poder en el departamento o en los campos. Desde la primera vez que vi a Wense y su hermano noté una tensión entre ellos. Cuando Balta no se encuentra cerca, Wense confiesa sus esperanzas y preocupaciones. Pero en presencia de su hermano se torna habitualmente melancólico y taciturno. Hay algo de Caín y Abel entre ellos. Wense tiene tipo de delincuente, se fue de casa cuando apenas cumplía 13 años para probar su suerte en Estados Unidos. Un adolescente que recorre solo el trayecto de los migrantes no tiene un hermano mayor o un padre que lo mantenga a raya y Wense ha corrido muchos peligros: ha tomado y se ha peleado en los bares de migrantes, tuvo un serio accidente de automóvil y tiene presiones económicas aun más grandes que para el migrante típico. Se inclina entre un profundo sentido de responsabilidad hacia su mujer y su hija y la familia en México y una igualmente profunda vena salvaje. Baltazar, por supuesto, es lo opuesto. Abel no puede hacer nada malo; Caín siempre acaba armando escenas por envidia. Aun físicamente Balta y Wense tienen poco en común. Wense es corpulento y su piel es la más oscura de la familia, un café chocolate (sólo su hija Yeni es más oscura). El color de piel juega en México un papel casi tan importante como en Estados Unidos la apariencia "india" se traduce directamente en discriminación y, frecuentemente, en autodesprecio. En contraste con la sucesión de carros usados pero limpios y que andan bien de Balta, los de Wense se encuentran siempre al borde de tronar. En este momento posee un Monte Carlo magenta y plata de1985, con rines de carrera y calcomanías vistosas en la ventana trasera, un verdadero "meximóvil". Pero a lo largo del tiempo que lo conozco, Wense ha hecho un esfuerzo tremendo para enderezar su vida. Él sólo toma ahora de manera ocasional y cuando lo hace no significa automáticamente una borrachera de toda la noche. Es un trabajador conscienzudo. Aunque anda apretado de dinero, paga sus cuentas y devuelve los préstamos que pide y todavía se administra suficientemente bien para mandar hasta 300 dólares a su familia en México. Él está pensando en el futuro. _______ Una de las grandes lecciones que he aprendido de Joe se refiere a la necesidad de la intimidad en el trabajo documental. Para lograr intimidad uno debe aceptar riesgos constantemente, moviéndose aún más profundamente en el espacio físico privado del sujeto. Esta es la única manera de comenzar un viaje hacia el espacio sicológico y espiritual del sujeto. Así que hoy en la noche Joe entra en la recámara de dormir que comparten Melchor y Gasparalgo que yo jamás habría hecho. Yo, yo no habría entrado allí sin ser invitado; yo habría sentido que eso era cuando menos de mala educación, o cuando más, una violación de un espacio sagrado. Pero no existe tal cosa en el trabajo documental. Melchor y Gaspar se encuentran exhaustos por el trabajo del día. Medio vestidos y medio dormidos, le permiten hacer su trabajo. Melchor, en un instante de conmovedora vulnerabilidad abraza un tremendo conejo de peluche. En la pared hay una fotografía de su mujer y sus niños en Cherán. No los ha visto en varios meses y dice que podría pasar otro año y medio hasta que regrese a casa. _______ El hermano chico, Gaspar, juega el papel de "norteño" (como la gente en México llama a los migrantes) de manera entusiasta en su nuevo hogar. Le gusta ponerse pantalones imposiblemente anchos, playeras de basquetball igualmente grandes y tenis Nike relucientes. Como cualquier otro migrante de Cherán que conocemos, él es un fan fiel de los Chicago Bulls, y Michael Jordan es su héroe. Gaspar es generalmente tímido con nosotros. Pero se anima cuando nos habla de su primer y único cruce de la frontera con Melchor y Balta. Ellos cruzaron el río Bravo cerca del pueblo de San Luis Río Colorado, un puesto fronterizo en el desierto de Sonora. Fue en medio del fenómeno "El niño"-un invierno inspirado y el río se encontraba ancho, profundo y movido. El coyote amarró un par de viejas cámaras de coches para el cruce. Lucharon con la corriente sólo durante diez o quince minutos, pero en ese tiempo, cada músculo de su cuerpo se adormeció por el frio y el esfuerzo. "¡Aguanta, aguanta, no te sueltes, no importa lo que pase!)", le dijo Baltazar. El río, por supuesto, era más fuerte que su cuerpo y sintió que no lo iba a lograr. Pero sí lo hizo. Él dice que no se quiere volver a casa, aunque sea por la única razón de no tener que volver a cruzar ese maldito río otra vez. ________ Baltazar marca el código 011, luego el 52, luego el 459 para llamadas de larga distancia a México, Michoacán y al altiplano donde se encuentra insertado Cherán, respectivamente, y luego el número de la cabina de teléfono para llamadas de larga distancia del pueblo. Quizá la mitad de los residentes de Cherán tienen teléfonos. Pero no "Charly", como se le apoda a uno de los coyotes (contrabandista de gente). Un operador-mensajero debe ser enviado para que vaya caminando por la calle a llamarlo. Se le dice a Balta que vuelva a llamar. Durante los próximos veinte minutos se encuentra distraído de la conversación y la televisión en la sala de estar, donde Yeni agrega al bullicio jugando con su "Macarena" y los muñecos de dinosaurios y caballos y conejos. Al marcar nuevamente y conectarse se lleva el teléfono de vuelta a la recámara de dormir. Joe, por supuesto, lo sigue. Se hace el trato. Charly garantizará la entrega de Victoria y su hija Stefani en el aeropuerto internacional Lambert, de St. Louis, por una cuota de 1200 dólares. Ella se irá al principio de la semana siguiente. Ellas probablemente cruzarán la frontera en el desierto de Arizona o al oeste de Tejas, para evitar el río. Baltazar no ha visto a Victoria por casi seis meses. ________ El complejo de departamentos donde vive la familia Chávez-Cortéz se llama Crystal Gardens (jardines de cristal), aunque haya poco de ambas cosas en este ambiente. Hay un hedor persistente de algún bote de basura que no ha sido vaciado en quién sabe cuanto tiempo. La quema de recipientes de basura también es común cuando los adolescentes del lugar están aburridos y quieren algo que los entretenga. La basura no está solo confinada en los botes, más bien es regada por los céspedes, cuyo pasto crece libremente. Hay pandillas y drogas. Pero también hay residentes de la clase trabajadora que tienenuno o dos trabajos, como secretarias, mecánicos, empleados de casino y mensajeros de Federal Express. Hay niños pequeños que juegan a saltar la cuerda y al avión. Y hay una piscina bien cuidada, cuyas aguas reflejan ténuemente el ámbar de las lámparas de la calle al atardecer. Tan solo hace diez años era un complejo exclusivamente negro. Los mexicanos representan ahora quizás el diez por ciento de la población. Pese a la intimidad física de mexicanos y negros en Crystal Gardens, existe poco contacto social entre ambos. Conversamos con algunos residentes negros, buscando pistas acerca de qué podría traer el futuro para la relación entre las dos minorías más grandes en Estados Unidos una cuya población está creciendo y concentrándose en enclaves (los mexicanos) y la otra, cuya población se está dispersando (o siendo desplazada) de sus barrios urbanos tradicionales (los negros). Yo he sentido una mezcla de sentimientos en relación a los recién llegados por parte de los afroamericanos que viven en barrios crecientemente mexicanizados: curiosidad, perplejidad, solidaridad, envidia y, a veces, franco enojo por la competencia real o percibida en el mercado de trabajo, la vivienda o los pasillos del poder político. Marvin Whitson, un nativo de Tennessee pensionado por discapacidad, es el vecino de la familia Chávez-Cortéz que vive abajo, en el departamento A. Nos invita a pasar a su departamento escasamente amueblado, donde vive con su esposa Débora. Él se considera un fan de los inmigrantes. "Lo están haciendo mejor que algunos de los negros", dice, notando en particular el amor de los mexicanos hacia los coches de buena apariencia (aunque no de buen funcionamiento). "Mucha gente que conozco dice que esa gente está en pandillas, pero no lo veo." Lo que sí ve Whitson es que la mayoría de los problemas en el complejo vienen de los afroamericanos. "Me gustaría que sólo estuviera yo y los mexicanos. Me gustaría que los negros se fueran." Más tarde, el vecino de Marvin, Brian Gaines, un chofer de camión escolar de 32 años no cuenta algo que que hemos escuchado a lo largo de muchas paradas en el trayecto migratorio donde hemos encontrado mexicanos y negros viviendo juntos. "Podemos tolerar a los mexicanos, a los chinos, nos podemos llevar", dice, "pero no nos podemos llevar con la gente blanca por alguna razón." Al menos en Crystal Gardens no ha habido agresión externa entre los grupos. Quizás las tensiones se mantengan bajas porque, al menos por el momento en St. Louis existe poca competencia directa en el mercado laboral. Los mexicanos se encuentran trabajando en su mayoría en las haciendas que los negros han abandonado a favor de los trabajos industriales y urbanos de otro tipo. Como dijo el granjero Thompson es un estereotipo, pero uno muy real ningún otro grupo social tiene todavía la voluntad de trabajar los campos. Aunque seguramente debe haber una xenofobia latente entre los negros, la actitud de los mexicanos hacia ellos es indeclinablemente negativa. Salvo los niños, cada uno de los miembros de la familia Chávez-Cortéz me ha hablado de "los morenos" en tonos despectivos. A veces, incluso, les dicen "mayates", un epíteto más bien feo en español. La gran ironía es que los mexicanos inmigrantesparticularmente los jóvenes están adquiriendo la cultura de los negros, no solamente en St. Louis, sino también a lo largo del país en ciudades del interior que son crecientemente negro-mexicanas. Wense, que expresa abiertamente no querer a los afroamericanos, escucha frecuentemente una estación local de Hip Hop negro en el estéreo de su coche cuando no está con cintas de banda a todo volumen. Y en términos del estilo de vestir, la única manera de diferenciar a los negros de los mexicanos es precisamente a través del color de la piel: todos los muchachos usan el uniforme del guerrero infantil urbano pants holgados o shorts y playera o camiseta varias tallas más grande. Y, claro, todos son fans de los Chicago Bulls y de Michael Jordan. _______ La temperatura es de 96 grados fahrenheit con 100 por ciento de humedad dentro de uno de los invernaderos de las haciendas Thompson. Rosa Chávez trabaja lado a lado con Pat Zimmerman, una de las pocas empleadas no mexicanas.Ellas siembran brotes de hiedra sueca en bandejas con tierra negra. El calor viene tanto de un sofocante día de verano de Missouri como de las luces ambar del invernadero encima de nosotros. Están encendidas las 24 horas del día; durante la noche el invernadero brilla como una aparición extraterrestre que levita sobre los campos. Al cabo de unos minutos estoy sudando como una tormenta de Missouri y lo único que hago es garabatear notas. De alguna manera, Rosa y Pat parecen tener los rostros frescos y más fríos. Tienen poco que decirse; ninguna habla el idioma de la otra. Pat se ha puesto audífonos. "A la mayoría de la gente no le gusta trabajar tan duro", dice Pat. "No me importa. El calor no me molesta". Más tarde hablo con Rosa acerca del futuro. El viaje no ha terminado, por supuesto. Mientras que el año pasado Rosa parecía tener intenciones de quedarse en Estados Unidos, ahora ella y Wense hablan de volver a Cherán. Últimamente han hablado acerca de la posibilidad de comprar una parcela o dos de tierra para cultivar frijoles o maíz, los productos principales de la región. Pero y qué con su hija Yeni, pregunto. ¿No había sido el viaje hacia el norte, no había sido el sacrificio por su futuro en este país, un futuro que seguramente le sería negado en México? Sí, es cierto, afirma Rosa. Pero a veces parece como si su sueño original fuera aún posible aquí. Wense se está cansando del trabajo en la hacienda. Hay poca oportunidad de adquirir un mejor trabajo o un mejor lugar para vivir. Pero más que nada, Rosa comienza a dudar acerca del futuro en Estados Unidos. Al menos en México habría una familia más grande entre cuyos miembros Yeni crecería. Y las tradiciones: la manera como se celebra el día de la madre (una efusión de amor y afecto que averguenza la observancia más bien rutinaria en Estados Unidos), y el día del niño (un día feriado virtualmente desconocido acá), y la fiesta del santo patrono, y la convivencia maravillosa de la gente durante la cosecha (cuando las familias se ayudan entre sí para recoger el maíz y se preparan mutuamente enormes comidas) ¿seguramente esto también le ofrece algo a la niña? Algo menos que la esperanza de una mejor existencia material, ¿pero es eso lo único que importa? Rosa ya no está segura de qué lado de la frontera se encuentra el futuro. Estoy confundido por este nuevo giro en la manera de pensar de Rosa y Wense. Yo había asumido que la historia de la familia, cargada de tragedia, resucitaría de este lado de la frontera esto hacía que la historia "funcionara" de una manera sencilla. Pero, por supuesto, la historia de los migrantes está llena de estos giros y preguntas difíciles. Resulta imposible aclarar la ambivalencia de Rosa, porque ella está en lo correcto cuando sueña tanto con su sueño mexicano como con el americano. ____________
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