SEXTO-SEPTIMO DIA:
6-7 DE JUNIO

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Doll

 

WATSONVILLE, California.

 

Hace una par de días, manejando a través del pueblo, nos encontramos con uno de varios cementerios antiguos de Watsonville, al lado de la iglesia católica del valle, que ofrece misas en portugués y en inglés.

Joe y yo caminamos juntos hacia la ciudad de los muertos, tomando rutas separadas entre cientos de tumbas familiares ornamentadas. Algunas de las fechas de nacimiento tenían eran de principios del siglo XIX, las muertes de alrededor de 1860.

Los apellidos narran la historia temprana de Watsonville, la historia de los migrantes de los Estados Unidos del siglo pasado.

Martinelli... Crosetti... MacCaughey... Resetar... Driscoll... Scurich.... Murphy... Holohan... Braycovich... Tomassi... Lopes.... Dias... Barovac...

La inmigración, por supuesto, no es nada nuevo en Watsonville.

Con la señora Jayne Borg, de la Sociedad Histórica del Valle del Pájaro, visitamos un historiador amateur que narra efusivamente la historia de los migrantes del área. El primer imán para los migrantes fue la fiebre del oro. La mayoría de los que llegaron no hicieron su fortuna encontrando una veta dorada; lo que sí encontraron fue un suelo fértil que transformaría a California en el "granero" de la nación.

Me interesa particularmente saber si las condiciones de los primeros inmigrantes del área fueron de alguna manera similares a lo que vemos hoy en día. Sí lo fueron. Talvez fueron peores. Los hambrientos irlandeses atravesaron el océano en condiciones que recordaban el viaje de los esclavos hacia el Nuevo Mundo, y muchos murieron antes de alcanzar tierra firme. Fue similar para aquellos que hicieron la travesía a través del Pacífico desde Asia.

Los recién llegados migrantes adoptaron su lugar en el fondo de la pirámide económica, trabajando en los campos del valle del Pájaro, o, como en el caso de los portugueses y otras etnias europeas, en la industria de la pesca y la industria empacadora.

Borg saca una serie de fotografías, muchas con fecha de final del siglo XIX, con un matiz sepia por la edad; examino las caras y trato de imaginarme las vidas. Talvez sea solamente mi propia interpretación romántica de la historia migrante, pero creo ver en los rostros de los chinos, eslavos y portugueses miradas que hablan de penurias y optimismo a la vez. La misma mirada que veo en las caras de los mexicanos hoy en día.

Fotos

Borg evoca los distintos capítulos de racismo y discriminación – la Ley de Exclusión de los Chinos (Chinese Exclusion Act), la reclusión de los japoneses en la Segunda Guerra Mundial, la repatriación de los años treinta. La economía fue el factor cada vez que los estadunidenses legislaron contra los "extranjeros". Con cada recesión, y por supuesto con la Gran Depresión, se vio a los inmigrantes como una causa y su remoción como una solución. La Propuesta 187 puede ser vista como el clímax de la tendencia contra los inmigrantes que comenzó no solamente con la llegada de millones de inmigrantes latinoamericanos hacia los Estados Unidos en los últimos 20 años, pero también con la dramática reestructuración de la economía estadunidense y la pérdida de su antigua base industrial.

Hoy día, sin embargo, la economía está en auge en California y en toda la nación. El desempleo se encuentra casi al nivel más bajo en tiempos de paz y la inflación es reducida. Y, sin embargo, el sentimiento contra los inmigrantes es aun notable. ¿Se ha transformado en una verdadera guerra cultural lo que antes era un conflicto económico?

La falta de pretención de Borg, su generosa hospitalidad y su política liberal me recuerdan los americanos blancos con los que siempre me he sentido a gusto (en mi juventud yo vivía en un barrio donde mis amigos eran los hijos e hijas de comunistas judíos, protestantes anglosajones y gente por el estilo). A ella le gusta ver el mundo a través del punto de vista de los inmigrantes: ella es optimista.

"A alguna de las familias les tomó cuatro generaciones labrarse su camino más allá de los campos y de las industrias empacadoras, hacia la universidad y los buenos trabajos" dice ella, "Esperamos que no le tome cuatro generaciones a la gente que está llegando en la actualidad."

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Nos detenemos una última vez en la Hacienda de Ramos. Hablo con la mujer de Miguel, Irene, que resulta ser una inmigrante portuguesa de primera generación, pese a que tuvo familia en el área por décadas. Entre sus parientes lejanos se encontraban pescadores y trabajadores de la industria empacadora.

Ella es ligeramente más simpática que Miguel hacia los migrantes que anhelan el Viejo mundo. Habla de las Azores, y su voz es honesta y de manera súbita increíblemente poética:

Miguel e Irene

"Recuerdo que corría descalza a través del huerto, sin preocupaciones, mis primos jugaban, mi madre nos llamaba…"

Se me ocurre que los recuerdos de los migrantes pueden ser tan necesarios para el éxito de este país como una feroz ambición proyectada hacia el futuro. Sin un pasado no puede haber futuro; el viaje desde el Viejo Mundo no tendría sentido.

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Nuestro último día completo en Watsonville. Siento como si recién empezáramos a absorber algo de la vida de acá. Este es el desafío constante de la labor documental: el formato reducido de los medios modernos raramente le ofrece al periodista el tiempo para obtener intimidad con su sujeto. James Agee y Walker Adams, cuyo "Alabemos ahora a hombres famosos (Let Us Now Praise Famous Men)" ha sido una guía luminosa para este proyecto desde el inicio, pasaron meses viviendo con las personas cuyas vidas narraron de manera tan conmovedora. Una semana es mejor que un día – el plazo típico para los periodistas paracaidistas – pero todavía no es suficiente.

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Nos despedimos de Reyna Guzmán. Sus niños están en un cónclave en Mount Madonna, en las afueras de la ciudad, bailando danzas aztecas, tocando tambores aztecas, pese a que el estilo tenga poco o nada que ver con sus raíces purépechas.

Reyna llega a casa del mercado en un Datsun maltratado de los ochenta, corriendo como siempre. Hay que hacer la comida y la cena. En estos días no hace prácticamente nada más; ella prepara el desayuno para los niños antes de cocinar en el restaurante, vuelve en la tarde para comenzar a hacer la comida y se toma sólo un corto descanso antes de hacer la cena.

No nos habíamos dado cuenta antes del Cádillac, porque el garage se encuentra alejado en la parte de atrás de la casa y no le habíamos dado la vuelta a la propiedad entera.

El Cádillac modelo 82, una lancha grande con una pintura plateado grisácea que se está volviendo opaca, es su orgullo y su alegría. Lo adquirió por 1500 dólares de un conocido que necesitaba dinero rápidamente. "Me encantan los coches viejos y grandes", dice Reyna.

Reyna's car

Ella posa entusiasmada para Joe, soltándose el cabello y actuando de manera muy – no hay otra palabra– sexy, casi como si estuviese modelando para la revista Lowrider.

Bajo el cielo incesantemente gris y lluvioso, Reyna nos lleva de paseo por su jardín, su otra alegría y orgullo. Es raro que los mexicanos pobres cultiven con cuidado los jardines en casa – la horticultura es del dominio de las clases altas. Cuando mucho, la gente de Cherán llena un par de latas de chile jalapeño con tierra y algunas plantas recogidas en el bosque.

Pero los años duros de trabajo le han dado su derecho de clase media a tener un jardín propio. Un césped amplio y bien cortado. Filas de árboles de duraznos con fruta nueva brotando. Filas de geranios con flores violetas brillantes, begonias, violetas y gladiolas. Helechos de verde vivo subiendo por el lado de la casa (Incluso dentro de la casa hay enredaderas sorprendentes que crecen desde el suelo y se arrastran por las paredes). Entre estas especies, que son típicas de cualquier jardín "americano" ella ha colocado un poco de México: nopales y magueyes, un guayabo y un aguacate tan joven que todavía no tiene frutos. Ella se siente particularmente orgullosa del aguacate. Plantó la semilla en una lata de refresco hace dos años y la trasplantó solamente hace poco.

Y luego están las hierbas que ella utiliza en los remedios caseros, también de sus recuerdos del hogar: salvia, menta…

Cada día ella permanece al menos una hora en el jardín antes de irse al trabajo, y luego otra hora o más durante el anochecer, "hasta que ya no puedo ver lo que estoy haciendo."

"El jardín me da tanta alegría, " dice Reyna. "Ver como aparece el botón y se abre y luego florece es tan bonito".

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Domingo por la tarde en Watsonville. Salimos de la ciudad. Joe y yo estamos cansados y reñimos. Yo rodeo a través del barrio cerca del centro antes de dirigirme a la autopista y Joe se pone inquieto nuevamente por lo que ve en las calles: los migrantes están todos en sus casas, gozando del ocio en los porches de las casas y los céspedes de adelante. Los niños juegan. Los hombres vacían un par de cervezas. Se oye la música.

Cock

Todo el mundo está vestido con ropa limpia de colores vivos durante el único día de la semana que lo pueden hacer porque no habrá tierra o barro de los campos, salpicaduras de grasa, agua sucia por lavar los platos de algún restaurante. Es la primera vez que vemos a Watsonville animada durante el día. Durante la semana es una ciudad fantasma.

Mañana en la mañana la ciudad estará vacía otra vez y los campos estarán llenos.

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Rubén Martínez

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