La playa

…y entonces se hizo la luz, y ya no fue más la madrugada de marzo sino el mediodía de un miércoles radiante, y él pudo darse el gusto de ver a los incrédulos contemplando con la boca abierta el trasatlántico más grande de este mundo y del otro encallado frente a la iglesia, más blanco que todo, veinte veces más alto que la torre, como noventa y siete veces más largo que el pueblo, con el nombre grabado en letras de hierro, halalcsillag, y todavía chorreando por sus flancos las aguas antiguas y lánguidas de los mares de la muerte.


El último viaje del buque fantasma



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